Como recordaréis, el año pasado os contamos que íbamos a tratar de traer de vuelta a nuestro amigo Porky Trespatas gracias a los servicios del Bacón Samedi. Teníamos nuestras reservas. Reservas de ron Marrana Club 15 años, por lo visto imprescindible para el ritual, pero también reservas sobre el posible resultado de esta resurrección tan sui porcus. Y con motivo.

El Bacón Samedí nos había advertido que, dado el tiempo transcurrido desde la defunción de nuestro querido Porky, el ritual podía surtir efectos no deseados, y las condiciones en que íbamos a verlo podían no ser las óptimas. Nos pidió que nos preparásemos mentalmente para el shock. Él mismo tuvo que prepararse mentalmente ingiriendo el contenido de varias botellas de ron, que por lo visto sirve para incrementar sus poderes y le permite atravesar la nebulosa frontera entre los mundos. Y debe de ser cierto, porque le acompañamos en estos preparativos y, cuanto más Marrana Club consumíamos, más nebulosas veíamos las fronteras. Bueno, y todo lo demás.

Llegada la noche de la ceremonia, nuestras reservas fueron en aumento, a diferencia de las de ron, que iban en franco declive. De hecho, solo quedaba un culín en la última botella cuando el Bacón Samedí se levantó en toda su porcina estatura, carraspeó para aclararse la garganta, alzó las paletillas al cielo en ademán invocador y anunció con voz ostentórea:

—Bueno, si no lo quiere nadie…

Y, con estas, se echó el trago al gaznate, miró con nostalgia la botella vacía y suspiró. Sacó un paquete grasiento y lo puso sobre la mesa.

—Con lo que me habéis proporcionado, esto es lo que he podido hacer.

Y, con ademán teatral, abrió el envoltorio.

Nos quedamos sin palabras. Y ojalá nos hubiéramos quedado sin olfato, porque aquel cerdo llevaba muerto un tiempo considerable. Muerto, al sol del Caribe y con la fecha de caducidad muy cumplida, según la etiqueta del paquete. En vida, Porky no había sido precisamente un prodigio de higiene porcina, pero nunca jamás había apestado tanto.

Desolados, dimos porcina sepultura a los restos hamburguesados de nuestro amigo, recogimos las botellas vacías por si nos daban algo por devolver los cascos, y volvimos a casa, perdida ya la esperanza de recuperar a Porky aunque fuera en versión Guarring Dead. Ya nunca íbamos a saber quién lo había matado.

Pero, hace unas semanas, hemos empezado a concebir nuevas esperanzas. Hemos recibido el siguiente mensaje:

«La rueda gira.

Es el samsara; nacimiento, vida, muerte y reencarnación. El solomillo siempre vuelve.

Porky vive».

Todo muy críptico, pero por suerte venía aparte la explicación en Comic Sans Cebón, que es una fuente que se entiende muy bien y da muy buen rollo. ¡Y nos llenó de alegría!

¡Porky está vivo! ¡Nuestro misterioso informador nos mandaba una foto y todo!

Ciertamente, no se parece en nada al Porky que recordamos. Este tiene tres meses como mucho y no es 100% ibérico, y probablemente el trauma de la reencarnación le ha hecho olvidar su idioma, sus orígenes, a su propia famiglia. Pero es él, sin duda. Nos lo garantiza el dalai Chu Leton, que supo de nuestras cuitas y ha localizado a nuestro amigo en una humilde piara al noroeste del Tíbet. Dice que, con los debidos cuidados y las oraciones de todo el monasterio, sin duda recuperará la memoria… y nos podrá decir quién puso fin a su anterior encarnación.

La pega, ya, siempre hay una pega: tenemos que ir todos al Tíbet para estar con él y que nuestra aura lo guíe en el camino de vuelta hacia su vida anterior, para que pueda reconciliarse con lo que fue y lo que hizo, y así seguir progresando en la rueda del karma. O algo así. Por lo visto, eso exige que nos alojemos en el lamasterio (pagando, se entiende, como nos ha dejado muy claro el dalai Chu Leton). Es pensión completa, pero para ser vegetarianos, estos tipos comen a precios de Jabugo.

Por no mencionar que los metros de tela color azafrán para hacer túnicas para veinte cerdos adultos salen por un solomillo y parte del otro. Y estamos buscando panderetas fabricadas con cuero vegano, que es lo que nos exigen en el lamasterio (además de que las de otro tipo de piel nos dan mal rollito, que nunca se sabe).

Se nos ha ocurrido recurrir a vosotros, nuestros queridos amigos del Celsius: para recoger fondos, hemos preparado una nueva edición del Excelsius, que podéis recoger en la carpa de organización tras un donativo de 15 euros (12 euros si eres patreon o miembro del Club Celsius). Solo tenéis que recitar el mantra: OM MANI PUERCO HUM, y todos sabrán inmediatamente lo que queréis.

Ayudadnos cuanto antes, por favor. Ayudadnos a ir al encuentro de Porky Reencarnado.

Ya podéis adquirir el Excelsius de este año desde aquí mismo, con descuento para los maravillosos amigos del Club Celsius y los mecenas de nuestro Patreon.

En capítulos anteriores…