Sabemos que nuestros amigos del Celsius estáis ansiosos por saber cómo fue nuestro viaje al Tibet en busca de Porky Reencarnado.

Os haremos un resumen: no fue bien.

Por aclararlo un poco: fue catastróficamente mal.

Para empezar, y aunque os agradecemos infinito los donativos que hicisteis para nuestro viaje al lamasterio, con el dinero recaudado solo nos llegó para el envío de un contenedor en un barco que salía del puerto de Avilés, y llegaba hasta Calcuta. Echamos a suertes quién ocuparía el único camarote para el que nos daba el presupuesto y ganó Jamlet, que tiene mucha maña jugando al piedra-papel-tijera-puerco-spock, pero al final el camarote fue para Toccino Gruñildo, que tiene mucha maña desenfundado «la marrana», como llama cariñosamente a su Beretta.

Treinta y cinco días de travesía marítima en un contenedor con diecinueve cerdos se hacen muy largos, sobre todo aguantando los gruñidos de protesta de Jamlet. Por no mencionar que Toccino tenía la misión de mantener el suministro de bellotas y retirar regularmente el cubo con… ejem, desechos, y solo lo sacó el primer día. Luego dijo que le daba mucho asco.

Salimos del contenedor y del barco en Calcuta, y dejamos a los marineros planteándose la posibilidad de pegar fuego al barco para no tener que oler aquella bodega. Allí tomamos el autobús (no recomendamos los autobuses de la zona, por cierto; la gente sube ahí con animales en jaulas; muy poco higiénico) e hicimos cinco transbordos para llegar al lamasterio de Guarrantsé, donde el dalai Chu Leton nos recibió con la peor noticia imaginable.

Lo que no nos esperábamos al llegar a Cerdélmez era el parque temático que tenían allí montado. Aquello era la Disneylandia del ectoplasma y el moho con denominación de origen. Había colas a la entrada de cada casa. Nada más llegar, nos dieron un mapa para orientarnos, y pasamos por delante de la casa de las «Manchas de la Virgen», la del «Gotelé profético» y la «Cocina de los azulejos que sudan» (por las juntas sale un líquido que, según los expertos, son las «lágrimas de las almas atrapadas» que lloran de emoción ante el aroma a garbanzo). Ante esta última había una larga fila de creyentes con algodones para recoger el «agua bendita condensada» para curar el reuma, mientras los investigadores, que se sabe que son investigadores porque llevan chalecos con muchos bolsillos, medían los campos electromagnéticos de la campana extractora desenchufada desde el siglo pasado. También había una tienda de recuerdos donde podías comprar tu propia mancha en formato llavero o media sandía con las pepitas configuradas en la forma de la cara de Jesús, y un puesto de perritos calientes que nos dio muy mal rollo.

Tardamos un poco en encontrar al director del circo investigador jefe, Yamíker Jijimemes, director del programa Cuánto Misterio, el informador que nos había llevado a aquel pueblo. Y en ese tiempo nos dio tiempo a sospechar que una vez más nos estaban intentando dar gato por cerdo. Para empezar, Porkouis, que es muy listo y no le cuelan una, pasó discretamente un dedo por la supuesta imagen de un antiguo alcalde del pueblo (o la abuela del farmacéutico, había interpretaciones divergentes) y le borró todo el bigote (o el labio superior en rictus de grito agónico porque le habían pisado lo fregao). Tampoco ayudó que nos encontráramos en un rincón una caja de tizas y un bote de pintura negra en espray del todo a cien, o que una de las «caras» tuviera la firma del autor y un QR a su página web.

Por lo que llegamos a la reunión con Yamíker Jijimemes bastante seguros de que en Cerdélmez había muchas caras, y también algún que otro cara.

Yamíker nos llevó hasta la casa donde supuestamente estaba la manifestación mohoectoplásmica de Porky y, al llegar a la puerta, como nos temíamos, extendió la mano. Y eso que ya deberíamos haberlo imaginado: todo contacto con el más allá es nebuloso, ambiguo y, encima, carísimo, según nuestra experiencia. Y Cerdélmez no era la excepción. Las caras estaban a la vista, pero si la pared de la cocina no te hablaba por las noches era porque no tenías el pase VIP.

Somos un mar de dudas. ¿Creéis que debemos seguir buscando al asesino de Porky? ¿Creéis que su imagen ectoplasmada en la pared nos podrá dar alguna pista? ¿Creéis que deberíamos pagar el pase VIP de Cerdélmez para salir de la duda? Hay que añadir que con el pase VIP también te dan una pulserita para rellenar el vaso de refresco infinitas veces, y estamos deshidratados con tanto calor.

Una vez más, os rogamos vuestra ayuda. Pasad por la carpa de organización y haced un donativo para que podamos acceder. Son 15 eurillos de nada (12 para los miembros de Patreon o del Club Celsius). Solo tenéis que decir «Me suena la cara de ese cerdo», y os darán como recuerdo un ejemplar del Excelsius de este año. Y el que viene os contaremos cómo sigue la historia. Prometido.

Si quieres colaborar a nuestra repiaración, pasa por la carpa de organización y da la contraseña «bring back the bacon» y quince euros (doce si eres de Patreon o del Club Celsius). Allí te darán un ejemplar del Excelsius de este año, y nos enviarán a nosotros los fondos para que volvamos cuanto antes. Aunque sea en un contenedor, pero este que tenga letrina.
Por favor. Sacadnos de aquí. Dicen que son vegetarianos, pero nos miran con unos ojitos…

Excelsius 2025

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